¿Confederación Helvética? Ah, SUIZA :)

Ya es la tercera vez que pisamos suelo suizo y, es que, estamos enamorados de este pequeño gran país. Montañas con mucho verde, lagos por todos lados, vacas, ovejas, chocolate… lo único que falta es encontrarte en algún lugar a Heidi saltando.

No es exageración, es tan bonito que incluso nuestros hijos inventaron una canción en la que lo único que decían era: I love Switzerland 🙂

Cosas que, a nuestro parecer, hay que tener en cuenta antes de ir a Suiza: llevar ropa de abrigo e impermeable es imprescindible en cualquier época del año… No sea que os pase como a nosotros que tuvimos que salir a comprar chubasqueros y botas de agua en pleno agosto.

En la frontera, tienes que comprar una viñeta (es como la pegatina de la ITV jeje) para poder circular en Suiza. Si no recuerdo mal, es algo menos de 50€ y tiene validez del 1 de diciembre del año anterior al 31 de diciembre del año siguiente. No os arriesguéis a circular sin ella, porque os podría caer una multa grande. Nosotros siempre paramos en la aduana y la compramos ahí. Aunque creo que se pueden comprar en gasolineras, también…

La moneda que usan es el Franco Suizo, aunque puede que en algunos lugares turísticos acepten Euros. Siempre es mejor cambiar dinero en tu banco antes de viajar; aunque también puedes sacar efectivo en los cajeros automáticos. Eso sí, te cobrarán comisiones. Así que es mejor que si sacas dinero en el cajero, saques bastante y evitar ir sacando poco a poco y que cada vez te cobren comisión.

El alojamiento en Suiza es carito… pero hay un montón de cámpings donde acampar o alquilar un bungalow. Los bungalows tampoco es que sean muy baratos; pero nosotros encontramos unos iglús de madera en un cámping que solamente tenían cama, una pequeña nevera y terraza. Para cocinar y utilizar el baño, tenías que hacerlo como los demás campistas, ir a los comunitarios. Pero la verdad es que las instalaciones y la ubicación fueron excelentes.

Todo en este país está preparado para que puedas disfrutar de la naturaleza. Y esto es lo que a nosotros, como familia, nos gusta más. Encuentras muchos parques naturales donde poder ver animales con los peques. Hay muchísimas zonas donde hacer barbacoas y luego bañarte. En muchos lagos encuentras gente bañándose y, si tienes coraje de meterte en el agua fría, tú también puedes.

La primera vez que fuimos estuvimos con unos amigos que nos enseñaron parte del norte del país. La cantidad de lagos que hay es increíble, incluso nos pudimos bañar en un lago cerca de Uster donde los cisnes venían a bañarse con nosotros (cuidado, porque parecen animales inofensivos, pero si los molestas…).

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En ese viaje descubrimos Zurich de noche, pero la volvimos a redescubrir en nuestra segunda visita. Ahí pudimos verla de día y recorrer mejor esta preciosa ciudad rodeada de agua. Y, si estás cerca de Zurich, tienes que ir sí o sí a las cataratas del Rhin. Si ya has ido a otras en América, quizás éstas no te llamen mucho la atención. Pero la naturaleza en sí es tan maravillosa, que las dimensiones no son importantes. Y, sí, ¡son preciosas!

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Hacer una parada en Quatre Cantons (o Lucerna) era un imperdible para nosotros. Un precioso lago, ubicado en el centro de Suiza, que dibuja una especie de cruz. El nombre de este lago proviene de la unión de los 4 cantones que lo rodean o rodeaban (actualmente creo que son 5 cantones). La vista desde ahí es inexplicablemente preciosa.

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Cuando nos volvíamos para casa pasamos por Ginebra, pero fue una de esas visitas tan rápidas que creo que tendremos que volver…

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Nuestra segunda visita fue una visita relámpago. Repetimos ciudades y descubrimos nuevas ciudades para nosotros. Basel fue una de ellas. Recorrimos el centro, sus calles y llegamos a la plaza del ayuntamiento, al cual pudimos entrar.

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Pero la ciudad que nos ha robado el corazón, ha sido Interlaken. En nuestro primer viaje habíamos cruzado esta ciudad con el coche. Y, desde ese momento, no se nos borró de la cabeza. Sabíamos que teníamos que volver para pasear por sus calles. Y así fue. Volvimos dispuestos a explorar cada rincón. Cogimos un trenecito turístico que nos enseñó gran parte de la ciudad. Saboreamos su comida, el chocolate, sus tiendas, sus verdes parques…

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Y, estando ahí, nos pareció que no podíamos irnos sin subir a la cima de Europa: el Jungfrau. Veníamos del caluroso agosto español y, de pronto, estábamos en una montaña totalmente nevada. Pero eso no fue lo mejor… empezó a nevar mientras estábamos ahí. Los peques no entendían dónde estábamos… ¿aquí es invierno? No, pleno verano jeje. Para nosotros que nos encanta la nieve y el frío fue un regalo. Subir al Top of Europe no es nada barato, pero aunque fuera una sola vez en la vida, lo teníamos que hacer. En la visita puedes entrar a un palacio de hielo, a una deliciosa tienda de chocolate Lindt… La visita merece realmente la pena. Y con el mismo billete de tren puedes bajar en todas las paradas para visitar los distintos pueblos. La verdad es que la vista y los pueblos son impresionantes. Hay un calendario con actividades para hacer en los distintos pueblos. Una visita recomendadísima.

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Y, por ahora, eso es todo. Después de haber ido tres veces, volveríamos a repetir destino. Así que si nos preguntan qué tal nos parece Suiza… creo que está más que claro 🙂
I love Switzerland…

 

BÉLGICA, un país que desconcierta

Después de varios días sin pasar por el blog, volvemos con muuuuchas ganas de contaros nuestra nueva aventura.

Ya habíamos estado una vez en Bélgica, pero realmente fue sólo de paso para visitar Luxemburgo. Nos hospedamos en una maravillosa granja llamada La ferme d’a yaaz (www.lafermedayaaz.be) que queda muy cerquita de la frontera con Luxemburgo. Ahí puedes dormir en unas cabañitas preciosas rodeadas de naturaleza y de animales. Puedes tocar a los animales, darles de comer, peinar a los caballos, coger a los conejitos… una maravilla para ir con niños. Pero bueno, a lo que íbamos, realmente nuestro objetivo en ese viaje no era conocer Bélgica, sino descansar en la granja y conocer Luxemburgo.

Lo poquito que conocíamos de Bélgica eran sus carreteras (que por cierto, son bastante malas) y poco más. Así que este año, decidimos volver pero esta vez a descubrir algunas de sus ciudades más importantes.

Y aquí viene nuestra primera impresión de este país que nos ha desconcertado a toda la familia… Para ser sinceros, nos pareció un país oscuro y algo tétrico, de esos países a los que (con todos mis respetos) no nos gustaría ir a vivir. Llegamos a Bon-Secours y, a pesar de ver casas impresionantes, lo primero que pensamos es que nos habíamos equivocado eligiendo Bélgica para nuestras vacaciones. Y, ¿por qué nos desconcertó tanto? Porque al día siguiente, cuando nos despertamos, nos fuimos a BRUJAS. Ahí todo empezó a cambiar… ¿cómo podía ser que el día anterior queríamos volver a casa y ahora nos queríamos quedar?

Creo que fue amor a primera vista. ¡Es una ciudad TAN bonita! El centro de la ciudad es precioso. Sus casas, sus canales, sus calles… todo es mágico. Es cierto lo que dicen de ella, Brujas te embruja con su belleza. No me extraña que hayan declarado al casco antiguo como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Empezamos a caminar un poco con nuestros chubasqueros puestos (MUY importante si vais a Bélgica) y nos chocamos con una pastelería llamada Aux Merveilleux de Fred a la que decidimos entrar. ¡Tenéis que ir! Ahí probamos los “merveilleux”, una especie de merengue con crema que os aseguro que aunque no seáis muy golosos os van a encantar. Y si después de ahí estáis muy empalagados, podéis ir a tomaros una cerveza en cualquier lugar. Eso sí, lo tendréis un poco difícil para decidir cuál queréis. Hay más de 1500 variedades de cervezas, y no es una exageración, es real. Encuentras museos de cervezas, tiendas que parecen museos… es increíble la cantidad de cerveza que hay en Bélgica. Si os gusta, este es vuestro destino 🙂

Nos subimos a un barquito para pasear por los canales de Brujas y realmente mereció la pena. Recorrimos casi todos los canales de la ciudad y pudimos disfrutar de la belleza de la Venecia del Norte (así es como la llaman).

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Ya a la tardecita nos fuimos para GHENT. Otra preciosa ciudad con un centro magnífico para pasear e impresionantes iglesias para visitar. Nosotros no tuvimos la oportunidad de descubrirla demasiado porque ya estábamos un poquito cansados de caminar. Pero dicen que los canales de Ghent y el puerto de noche son increíbles. Tendremos que comprobarlo la próxima vez que vayamos… 🙂

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También habíamos oído hablar de AMBERES, ciudad que si la buscas por el GPS quizás no la encuentres con este nombre… jejeje. Realmente se llama ANTWERP, mejor que lo escribas así en el GPS.

Ya al aparcar el coche nos encontramos con un castillo impresionante al que puedes entrar a visitar. Para nuestro gusto es más bonito desde afuera, ya que dentro es un restaurante. Pero como la entrada es gratuita y no hace falta que consumas nada para verlo… pues entramos 🙂

La ciudad en sí es maravillosa. El centro histórico es precioso. Y, como somos una familia muy comilona y nos gusta probar las cosas típicas de cada país, no podíamos irnos de ahí sin comer patatas fritas. Sí, patatas fritas belgas. Cuando las ves piensas: pues, si son iguales a las de McDonald’s. Os aseguro que NO. No sé qué tienen, no sé cómo las hacen, pero nunca habíamos comido unas patatas fritas tan buenas como las de ahí. Hay un montón de locales en los que la especialidad de la casa es este plato. Incluso hay un museo dedicado a la patata frita en Brujas, así que tenéis que probar sí o sí las patatas fritas belgas.

En Antwerp hay trenecitos que te pasean por toda la ciudad a muy buen precio y vale la pena cuando vas con peques. Ves mucho y caminas poco jeje.

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Y la última ciudad que visitamos fue BRUSELAS. La verdad es que íbamos con la idea de que no nos iba a impresionar demasiado después de todo lo que ya habíamos visto… ERROR. Es precioso caminar por sus calles hasta llegar a la Grand Place donde, cada dos años, hacen una inmensa alfombra de flores. Justo este año no la hacían; tendremos que volver el año que viene… jeje. Aquí en Bruselas tenéis que visitar el Manneken Pis, la estatua de un niño haciendo pis… Está en una esquina y os vais a dar cuenta, porque hay cola para hacerse fotos con él 🙂

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Así que, podemos decir que sí, Bélgica nos desconcertó. Un país que no nos llamaba demasiado la atención, donde sus carreteras nos hacían dudar de si habíamos escogido un buen destino, donde algunos pueblos no nos habían robado el corazón todavía… Hasta que conocimos estas cuatro ciudades y, realmente, nos enamoró. Su arquitectura, sus canales, sus iglesias, sus calles… Y, cómo no, sus gofres, sus cientos de cervezas, su chocolate y, sí, sus patatas fritas. Descubrir Bélgica no fue un error, ha sido de lo más acertado.

Eso sí, un consejo MUY importante basado en nuestra experiencia en Bélgica. No repostéis gasolina en las estaciones de servicio en las que no hay personal. ¿Por qué? Parece ser que en Bélgica y otros países como Francia, Luxemburgo, Suiza, Alemania… es costumbre, en algunas de estas gasolineras automáticas, que se queden con una fianza cuando cargas gasolina. Esto fue lo que nos pasó: llenamos el depósito del coche en una de estas gasolineras, porque normalmente tienen el combustible más barato que en otros lados donde hay personal. Al mirar el extracto de la tarjeta nos habían cobrado lo que habíamos puesto más 125€… ¿A quién le reclamas? Pues a nadie. Había un número de teléfono que ya no existía, otro en el que sólo hablaban francés… pues nada. Nos fuimos a una tienda al lado de la gasolinera y nos dijeron que era normal, que en algunos lados te cargaban a la tarjeta una especie de fianza pero que te la devolvían enseguida. Volvimos a nuestra casa, hablamos con nuestro banco y nos aconsejaron esperar un poco, a ver si nos lo devolvían. Efectivamente, al cabo de una semana nos lo devolvieron. Pero claro, mientras estás de vacaciones, ya te han fastidiado… Suerte de las madres, que siempre nos echan un cable 🙂

Ahora que ya lo sabemos, volveremos, volveremos a descubrir más lugares mágicos y a redescubrir estos lugares que ya nos han robado el corazón. ¡Hasta pronto België/Belgique!

HOLANDA, donde se fabrican los zuecos y los mejores quesos del mundo

Agua, molinos, vacas, hierba (de muchos tipos jaja)… Es difícil definir este maravilloso país con solo una palabra. Desde el momento en que entramos en Nederland, su paisaje te enamora. Mires por donde mires hay campos verdes, molinos y muchísima agua.

Ya habíamos ido a Holanda antes de tener a los niños, pero realmente disfrutamos mucho más con ellos. Hay países en los que quizás no te atrevas a ir con niños, pero os aseguramos que Holanda es el país perfecto para visitar (incluso vivir) con los más peques de la casa. Todo está pensado para ellos, todo es magnífico.

Holanda es un país de pequeñas dimensiones (aunque eso no lo priva de ser un GRAN país) y esto te permite ir de un sitio a otro y recorrer grandes lugares sin necesidad de viajar demasiado.
Nuestra primera parada fue en Alkmaar, donde nos hospedamos. Todos los viernes por la mañana hay un mercado de quesos en la plaza de la ciudad. Así que si sois adictos a los quesos… esta es vuestra ciudad.

Al día siguiente nos fuimos a Zaanse Schans, donde hay una tienda enorme de zuecos. Hay de todos los tamaños, colores, estilos… En la tienda siempre hay un hombre haciendo una demostración de cómo se fabrican los zuecos y explicando el por qué y cómo surgió la idea de estos zapatos tan extravagantes. Eso si sois capaces de entender algo de holandés… jaja. Normalmente, en los países nórdicos, si hablas o entiendes un poco de inglés no tienes ningún problema para comunicarte, no os asustéis.

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En la parte de afuera de la tienda hay unos zuecos gigantes donde puedes sacarte la típica foto metido dentro del zueco. El lugar está rodeado de canales de agua, con patitos, cisnes… un paisaje simplemente impresionante. Y, como somos una familia muy quesera, también fuimos a visitar la tienda de quesos que está al lado. Jamás habíamos visto tanta variedad de quesos. Los hay de todo tipo, de todos los gustos y de todos los colores, literalmente. Con tomate, con comino, con pesto… de todo lo que puedas imaginar. Puedes recorrer la tienda e ir probando cuál te gusta más, aunque es difícil decidirse por un solo queso.

Esta zona es muy turística, así que hay muchas cosas para ver. Algunos molinos están abiertos para que entres a visitarlos. Nosotros fuimos a un molino de especies al que vale la pena ir. Además, las vistas desde los molinos son una pasada.

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Y de ahí nos fuimos a un pueblo costero, Volendam. El pueblo en sí es muuuuuy bonito, pero es que además hay tiendas en las que te puedes hacer una foto con los típicos vestidos holandeses. La verdad es que no podíamos irnos de ahí sin vestirnos como unos auténticos holandeses.

Si vas a Holanda sí o sí hay que dedicarle uno o dos días a Amsterdam. Tiene tanto por ver y recorrer. Después de caminar por todo el centro y descubrir sus calles (si vais con niños cuidado con la zona roja…) y “aromas”, volvimos otro día a esta maravillosa ciudad para hacer una excursión en barquita por sus canales. Realmente es una ciudad preciosa y merece la pena recorrer sus canales.

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Y como también nos gusta que nuestros hijos sean conscientes de la historia que envuelve a los lugares que visitamos, decidimos ir a la casa de Anna Frank. Las colas para entrar en esta casa-museo son eternas, así que nosotros llamamos para pedir hora. Eso sí, recordad que es un país nórdico, si tu cita es a las 12pm tienes que ser puntual. Pero realmente para nosotros era un imperdible y no nos arrepentimos de haber ido. Solo imaginar todo lo que esconden esas paredes, es una experiencia inexplicable. Aunque lo intentamos, fue difícil contener las lágrimas.

En esta casa hay que pagar entrada, pero hay muchos que prefieren ir a la casa de Corrie ten Boom. En nuestra opinión, vale la pena ir a cualquiera de las dos. Ambas casas guardan historias fascinantes a la vez que terroríficas por todo lo que representó esa guerra histórica.

En otras ocasiones ya habíamos visitado Den Helder y Zwolle, pero nos quedaron muchísimas cosas por hacer. Una de ellas fue ver los campos de tulipanes, pero estos solo pueden verse en primavera. Así que, nos queda pendiente hacer una visita en Semana Santa a Keukenhof, donde se encuentra la exposición de flores más grande del mundo.

También nos quedamos con las ganas de ir a Giethoorn, Roterdam, La Haya… pero claro, para conocer mucho de un país tienes que ir muuuuchos días. O puedes no visitar todo en un mismo viaje y así tener la excusa perfecta para poder volver. Y creo que esto es lo que tendremos que hacer nosotros… volver a Holanda 🙂

Consejos prácticos para viajar en coche

Viajar en coche tiene muchísimas ventajas. Puedes salir a la hora que quieras, vas parando, no tienes que alquilar coche cuando llegas a tu destino… y es mucho más económico cuando sois 5. Ya hemos dado algún consejillo para hacer maletas o para viajar en avión. Pero este post es para daros un par de consejos a los que os animéis a coger el coche. Viajar por Europa en coche es muy cómodo. Eso sí, te tiene que gustar conducir 🙂

Nuestros viajes por Europa, normalmente, suelen ser en coche. Un vuelo a París en temporada alta puede ser más caro que ir a Nueva York jaja. Y el coche tiene muchas ventajas: puedes llevar y traer lo que sea, sin necesidad de pensar en el peso, en los líquidos, en los cortaúñas y pinzas de depilar… Vaya, lo que quieras mientras te entre en el maletero o en la baca del coche.

Muchos nos preguntan cómo hacemos tantos quilómetros con tres niños pequeños. Lo hacemos con mucha organización, para que tengan espacio en los pies, para que no se aburran, para que estén distraídos…

Lo primero que hicimos cuando decidimos hacer nuestro primer viaje como familia numerosa en coche, fue ir a MediaMarkt a comprar un reproductor de DVD portátil. Compramos uno de pantalla doble, para que pudieran ver bien los tres sin necesidad de que nadie tuviera tortícolis.

Y a partir de ahí, empezar a organizar todo lo demás. Para nosotros que comemos cuando estamos contentos, cuando estamos tristes, cuando estamos aburridos… o sea, siempre, es importante llevar mucha comida para el viaje. Fruta, bocadillos, patatas, galletas, zumitos, agua… Tenemos una nevera enorme que mantiene la comida fresca 24 horas y nos va genial para los viajes largos. A veces, incluso llevamos comida para algunos días.

Si hacemos viajes muuuuy largos, es importante hacer varias paradas cortas. Para los que conducen es importantísimo, para evitar accidentes, y para los niños también. Pueden correr un ratito, jugar, ir al baño (importantísimo)… y os aseguro que el viaje se hace mucho más llevadero.

Además, si estamos pensando en hacer varios quilómetros, podemos hacer paradas de una o dos noches. Descansaremos mejor y, de paso, podemos conocer más lugares 🙂

Tenemos que fijarnos bien en que el coche tenga la ITV al día, el seguro esté pagado, el carnet de conducir no esté caducado, las ruedas estén bien, el aceite, el agua… Hay que ponerlo todo a punto para hacer quilómetros.

Si viajáis en invierno y por zonas donde puede haber nieve y hacer mucho frío, es bueno llevar cadenas y MANTAS. Es algo en lo que nosotros nunca habíamos pensado, hasta que un día en una excursión familiar, estuvieron a punto de cortar las carreteras por nieve. Nosotros tuvimos la suerte de que la carretera en la que estábamos se cerró unos minutos después de que pasáramos. Pero si nos hubiéramos quedado ahí, hubiéramos pasado muuuucho frío. Desde ese día, siempre hay una manta en nuestro maletero.

Así es como nosotros hacemos nuestros viajes en coche… con muchas películas, mucha comida y muchas ganas de seguir viendo mundo. Sobre todo intentamos que los niños lo pasen bien, así que nos preparamos psicológicamente para jugar veinte millones de veces al “veo veo”, cantar muchas canciones, inventarse muchos juegos… y dormir un rato mientras papi conduce jaja.

Y ahora, ponemos el DVD en marcha y en un par de pelis llegamos a nuestro primer destino.

 

ALSACIA y SELVA NEGRA, un cuento de Navidad

No sé qué tiene la Navidad, pero a nosotros nos encanta. Una época del año en la que se mezcla la melancolía con la felicidad. El año pasado fue una Navidad inolvidable para la familia del Sastre. Reencontrarnos después de 6 años con nuestros sobrinos argentinos fue el mayor regalo que recibimos. Y había que celebrarlo a lo grande, tal y como celebramos nosotros, eso es viajando. Ya no éramos 5, sino 7. Y como no nos da pereza alguna coger el coche, pues allá vamos…

Nuestros adorables sobrinos vienen de pasar año tras año las Navidades con calor, pero nosotros queríamos que experimentasen esas típicas Navidades que aparecen tan a menudo en las películas. Y qué mejor lugar para eso que ¡Alsacia y la Selva Negra!

El río Rhin es quien las divide: Alsacia se encuentra en la parte francesa y la Selva Negra en la alemana. Dos países distintos en los que, en esta zona, parecería que solo los separa el río (y el idioma jeje). Aquí, en la frontera entre Francia y Alemania, hay más similitudes que diferencias entre ellas. Sus casas de madera, los pueblos, las vistas, los paisajes… todo es muy parecido y ciertamente maravilloso. Podría decirse que es el mismo lugar con distinto nombre.

Organizamos un viaje de 10 días en coche para poder conocer el máximo de lugares posibles. La verdad es que para conocer bien un lugar, sus pueblos, sus calles, etc. se necesita mucho tiempo. Y nosotros no teníamos mucho tiempo y queríamos conocer mucho. Queríamos ver las luces, los mercadillos navideños, los pueblitos con encanto… experimentar un auténtico ambiente navideño. Así que empezamos a hacer nuestra super ruta e investigar qué pueblos necesitaban más tiempo para recorrerlos y qué pueblos eran más pequeñitos o no tenían tantas cosas para hacer y ver (aunque todos los pueblos son preciosos y cada uno tiene su encanto). Después de saber qué pueblos íbamos a visitar y a dedicarles más tiempo y en qué pueblos solo pasaríamos a echar un ojo, empezamos a reservar lugares donde dormir 🙂

Después de unas cuantas horas en coche, nuestra primera parada fue en Avignon. Una ciudad protegida por sus maravillosas murallas y rodeada por el río Ródano por el que se puede cruzar por el famoso puente de Aviñón. Allí habíamos reservado una casa para una sola noche (aunque después de ver la casa hubiéramos querido estar más de una noche…), para después seguir camino a nuestro destino. Llegamos y, como no, teníamos hambre. Así que decidimos dar un paseo por la ciudad y ver si encontrábamos algo para comer. Es una ciudad pequeña, pero con muchísimas cosas para ver y descubrir. Nosotros no teníamos mucho tiempo y nos fuimos directamente al centro. Empezamos a caminar, y sin cansarnos demasiado porque todo está cerquita, pudimos ver el Palacio de los Papas, la Plaza del Palacio, los jardines de les Doms, la catedral de Notre Dame… Y nos encontramos con el típico tiovivo francés lleno de luces en medio de la plaza. Estábamos en Navidad, teníamos que subirnos para sumergirnos en ese ambiente festivo. Pues ahí vamos… Con nuestros tres pequeñines y dos maravillosos sobrinos de casi 2 metros de altura, subidos los 7 SOLOS al tiovivo de esta ciudad francesa 🙂 La cara del hombre que nos vendía los pases era un poema… no sé qué habrá pensado al vernos subir jeje. Pero les hicimos muchas fotos a nuestros sobrinitos ahí subidos y valió la pena ver sus caras jaja.

Hay muchísimos restaurantes, comida rápida y supermercados. Hicimos una breve parada a nuestro Restaurante de lujo favorito (McDonald’s) y fuimos a comprar cositas para el desayuno en el supermercado. Lo bueno de ir en coche es que todo lo que sobra te lo puedes llevar. Y ahora a descansar que mañana queda otro viajecito…

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Por la mañana, antes de irnos dirección Alsacia, salimos de las murallas para poder ver el río y el famoso puente. Que ciudad tan bella. Seguro que volvemos.

Y, ahora sí, ¡llegamos a la Alsacia! Nuestra casita estaba en un pueblito llamado Niederhaslach (lo que nos costó acordarnos de este nombre…). La verdad es que el pueblo en sí no tiene mucho para ver, pero está muy bien ubicado y la casa era increíble. Además de económica (algo muy importante a tener en cuenta) estaba situada en un prado con unas vistas increíbles. Cuando nos levantábamos por la mañana, estaba todo blanco. No era nieve, pero el rocío se congelaba y parecía que estuviera todo cubierto de nieve blanca. La verdad es que no podíamos tener mejores vistas en esta época del año. Era todo un sueño.

Una vez que nos acomodamos en nuestra casa, nos fuimos a comprar comida para sobrevivir esos días 🙂 Cargamos el coche y a dormir, porque tenemos mucho por conocer.

Al día siguiente visitamos dos pueblos alemanes: Offenburg y Gengenbach. Offernburg tiene su encanto en el centro de la ciudad, pero no es demasiado grande. Así que hicimos unas cuantas fotos, paseamos un poco por sus calles y nos fuimos dirección a Gengenbach. Aquí sí que le dedicamos bastante tiempo. Sobre todo porque era mi cumpleaños y yo quería un trozo de ¡PASTEL! En nuestra familia no se puede celebrar un cumpleaños sin pastel. Pero estábamos de vacaciones, nadie se iba a poner a cocinar nada demasiado elaborado… Y, aquí, en Gengenbach, en el medio de la Selva Negra, hay una pastelería en la plaza del pueblo donde podrás comer los mejores pasteles y tartas dulces que existen en el mundo mundial.

Aparcamos el coche a la entrada del pueblo. Aquí ya empezó a asombrarnos este maravilloso pueblo. En el aparcamiento había una mesa con una sombrilla llena de bolsas de manzana. No había nadie, pero había un cartel en el que ponía el precio de las bolsas de manzana y un vaso con monedas. En el cartel decía que si no tenías el dinero justo, podías coger el cambio (o eso fue lo que dedujimos). Estábamos alucinando… no me imagino algo así en España ni en Argentina, de donde venían nuestros sobrinos. Aquí se hubieran chorizado hasta la sombrilla.

Después de quedarnos flipando con lo de las manzanas, nos fuimos a la plaza del pueblo, a seguir alucinando con este pueblo. Lo primero que encontramos fue la famosa pastelería. Lo difícil fue elegir un pastel… y, como estábamos de vacaciones y no queríamos ningún tipo de estrés, elegimos un trozo de cada jaja. El más conocido es el schwarzwalder kirschtorte, o lo que es lo mismo, pastel de la Selva Negra. Exquisito, con un ligero sabor a licor, muy bueno. Todos los pasteles estaban deliciosos, pero necesitábamos tomar algo para bajar tanta comida… capuchinos y chocolates calientes, algo bastante ligero 🙂 Os aseguro que este pueblo es uno de los que, sin duda, repetiríamos. Sus calles, el ayuntamiento, el árbol gigante de Navidad… todo es alucinante.

Y de ahí, aprovechando que estábamos en Alemania, nos fuimos a Friburg. Realmente, nos quedamos con ganas de conocer más de ella y sus calles. Así que volveremos. El centro de la ciudad con el tranvía, todos los negocios iluminados, el río… una auténtica maravilla. Las calles estaban llenas de vida, con muchísima gente paseando. Esta ciudad fue una de las favoritas de nuestros sobrinos.

De vuelta a casa, ya en Francia, echamos un rápido vistazo a la ciudad de Mulhouse. Es difícil encontrar adjetivos, porque las decoraciones navideñas son tan espectaculares que todo se vuelve mágico. La ciudad en sí es preciosa y cada calle tiene decoraciones distintas. Lástima que no teníamos más tiempo, porque es muy bonita.

Al día siguiente nos fuimos a Eguisheim. De camino a este pueblito nos encontramos que estábamos en… ¿Nueva York? ¡No! Era una réplica de la estatua de la libertad en medio de una rotonda. En este pueblo probamos los deliciosos bagels dulces típicos de Alsacia. Aquí los probamos y después no paramos de comer bagels en cada pueblo al que íbamos. Eguisheim es un pueblo en el que merece la pena perderse entre sus calles. Casas diminutas, calles escondidas, paradas del mercadillo en todos lados…, es INCREÍBLE. Parece hecho en círculo y es muy pequeñito; esto hace que sea muy fácil recorrerlo y verlo todo. Al ser un pueblo pequeño, enseguida lo habíamos visto. Si tenéis tiempo y os gustan las aves, a la entrada del pueblo está el parque de las cigüeñas, animal que es símbolo de toda la zona de Alsacia.

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Cogimos el coche y nos pusimos rumbo a Colmar. Aquí nació el escultor de la estatua de la libertad, en esta ciudad tan increíblemente bella, a la que fuimos dos veces. Eso sí, pasamos un frío impresionante. Claro, estábamos en la Alsacia en pleno invierno… las temperaturas eran de -10 grados, si no recuerdo mal. Íbamos bien equipados, con ropa térmica, guantes, gorros… pero hay que decir la verdad, ¡nos congelamos! Pero no hay nada mejor que estar en invierno en la Alsacia. En el centro de Colmar, cerca de la pequeña Venecia, estaba el mercadillo navideño. Cada dos paradas, tenías una parada donde vendían chocolate caliente o vino caliente. Está buenísimo, aunque nuestros sobrinos no opinaban lo mismo, pero yo prefiero el chocolate caliente igual que ellos. Aunque si vas a visitar estos lugares, aunque sea hay que probarlo una vez porque es algo muy típico de esta zona.

Además del mercadillo, también habían algunas atracciones de feria, a las cuales también subimos con nuestros sobrinitos de casi 2 metros jaja (no pondré ninguna foto para no hacerles pasar vergüenza…). Incluso había una pista de patinaje sobre hielo en la Plaza Rapp, un poquito a las afueras del centro.

La pequeña Venecia es una zona preciosa. Estaba todo rodeado de decoraciones y luces navideñas. Dicen que en verano también es muy bonito, porque está todo lleno de flores. Tendremos que volver para comprobarlo… 🙂

Después de habernos recuperado un poco del frío y descansado en casita, al día siguiente nos fuimos para Suiza. Pero este destino lo dejaremos para otro post y vamos directamente a nuestra siguiente visita: Strasbourg. Teníamos pensado dedicarle solo un día, pero fuimos dos veces porque es alucinante. La catedral de Notre-Dame de Estrasburgo es una obra majestuosa. Su campanario fue la obra arquitectónica más alta del mundo durante más de dos siglos. Estar debajo de ese campanario es increíble. Dentro de la iglesia se encuentra un antiguo reloj astronómico que es considerado monumento histórico francés. Merece la pena entrar en la iglesia, ver la belleza de ésta y descubrir dentro de ella este maravilloso y extraño reloj.

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518. Cap d'Any - Strastbourg

Nosotros dedicamos otro día para recorrer los canales en un barquito que nos enseñó un poco la diversidad de esta ciudad. Edificios muy modernos que se han construido alrededor de edificios muy antiguos. Un contraste fabuloso y precioso.

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Visitamos también la ciudad de Obernai. Otro pueblo alsaciano con mucho encanto. También es bastante pequeño, así que lo recorrimos rápido.

Uno de los días lo dedicamos a hacer una ruta por varios pueblitos pequeños que se podían recorrer fácil y rápidamente. Como ya hemos dicho, todos los pueblos tienen su encanto y muchísimas cosas que ver. Pero, a nosotros que nos gusta conocer mucho y tampoco tenemos mucho tiempo, tenemos que hacer una selección. Todos estos pueblos merecen una visita y, nosotros, así lo hicimos: Ribeauvillé, Riquewihr, Kaysersberg y el fabuloso castillo de Haut-Koenigsbourg.

Y aquí finaliza nuestra ruta por la Alsacia y la Selva Negra. De aquí nos fuimos a París, ya os lo contaremos en otro post. Un maravilloso viaje con la mejor compañía y conociendo lugares increíbles del mundo. Volveremos seguro a vivir la magie de Noël 🙂

Dónde comer y dormir en DISNEYLAND PARÍS (seguimos con Disney, pero es el último post…creo)

Como ya hemos dicho en el post anterior de Disneyland París, si vais una sola vez, es mejor no “perder” tiempo en restaurantes. Pero si tenéis el pase y la oportunidad de ir más de una vez… pues, aquí os dejamos nuestras experiencias.

Restaurantes en Disneyland París:
Ninguno de los restaurantes es especialmente económico… todo lo contrario. Pero ya hemos dicho que con nuestro pase te hacen un 10% de descuento y, quieras o no, es de agradecer. Hay algunos bares o restaurantes de comida rápida en los que los precios tampoco son desorbitados. Y, aunque existen algunos comentarios sobre que hay poca calidad en la comida, debemos decir que nuestra experiencia no ha sido así. No hemos comido mal en ninguno de los restaurantes, todo lo contrario. Y, teniendo en cuenta que estamos en Disneyland y toooodooo será un poquito más caro… hay algunos restaurantes que merecen realmente la pena.

Y, como son tan concurridos, es mejor que reserves tu mesa con dos meses de antelación (en los de comida rápida no se puede). Da igual si te alojas en un hotel Disney y tienes pensión completa o media pensión. Siempre hay que llamar por teléfono con dos meses de antelación, si no quieres hacer colas interminables o llegar al restaurante y que te digan que están completamente llenos y no puedes entrar sin reserva. Nosotros siempre reservamos restaurante con tiempo, para no tener sorpresas, al número de reservas que aparece en la web oficial del parque.

Y ¡SÍ! Estamos en Disney, y no pueden faltar los disfraces y los vestidos de princesa. Verás a muchos niños y niñas con sus mejores vestimentas preparados para pasar un gran día en el parque o ir a algún precioso restaurante.

Como ya hemos dicho, hay restaurantes de comida rápida que no están nada mal. Pero nosotros os dejamos los nombres de algunos de los restaurantes en donde la magia Disney está más presente…

Si os lo podéis permitir y queréis vivir una experiencia realmente mágica, tenemos dos restaurantes que son IMPERDIBLES. ¿Por qué? Porque mientras estás comiendo se acercan algunos personajes a hacerse fotos, firmar autógrafos, abrazar a los más peques… vamos, a hacer su sueño realidad. En nuestra familia hay de todo: príncipes y princesas. Así que, tenemos que hacer un poquito de todo para que todos estemos contentos 🙂

Estos dos restaurantes son el “Auberge de Cendrillon” (restaurante de la Cenicienta) y el “Inventions”. El primero, como no, es especialmente para nosotras y está ubicado en Fantasyland (zona bastante parecida a un auténtico cuento de hadas). Ahí estás comiendo en casa de Cenicienta y, como buena anfitriona, se paseará por las mesas para saludar a toda la familia y sacarse cientos de fotos con vosotros. También se pasean por las mesas las ratoncitas Suzy y Perla y otras princesas (algunas con sus príncipes). Nosotros hemos ido un par de veces y hemos podido conocer a Blancanieves, Rapunzel y Flinn Rider, Bella y Aurora (la bella durmiente) con su amado. La comida es un excelente menú, pero es que la decoración del lugar, de los platos, la atención y la compañía de estos príncipes y princesas es espectacular. Detrás del restaurante hay una pequeña terraza con mesitas y sillas y la carroza de Cenicienta. Esta experiencia se traduce en unas 500 fotos 🙂 La verdad es que ver las caritas de felicidad que “ponemos” (me incluyo) las niñas, no tiene precio.

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Los hombres de la casa disfrutaron muchísimo, pero querían algo más varonil, no sé por qué jaja. Y, para que estuvieran contentos del todo, otro día nos fuimos al “Inventions”. Este restaurante se ubica en el Hotel Disneyland París, en la primera planta. Este hotel es el más lujoso de Disneyland París, así que el restaurante no podía ser menos. La comida es bufet, pero un bufet muuuy bueno y variado. Realmente todos disfrutamos de este lugar y nos encantó. Conocimos a Gepetto (el papi de Pinocho), Gofy, Mickey y Minnie Mouse, Chip y Chop, y al Capitán Garfio. El libro de autógrafos ya lo teníamos casi lleno de firmas con tantos personajes 🙂 Una experiencia realmente inolvidable.

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Otros restaurantes suuuuper bien decorados y con muy buena comida son el Agrabah Café y el Blue Lagoon. Los dos están ubicados en Adventureland. El primero está muy bien ambientado, te hace sentir que estás dentro de la película de Aladdín. Es un excelente bufet de comida árabe. El segundo es de riquísima comida caribeña con la opción de pedir a la carta o un menú. Este está a la orilla de la laguna que hay en la atracción de Piratas del Caribe; es decir, mientras estás comiendo, ves pasar las barquitas con los tripulantes que disfrutan de la atracción. Y viceversa, cuando estás en la atracción puedes ver a los comensales de este restaurante y, te llegan unos olorcitos, que cuando bajes vas a querer ir corriendo a comer ahí. Así que, no te olvides de reservar 😉

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Si queréis ir a un bufet para comer rápido y bien, el Plaza Gardens está muy bien; pero la decoración no es tan espectacular. Es más normalito y el precio es parecido a los demás bufets. Este se ubica en Main Street USA y, como novedad, los personajes se reúnen ahí para desayunar contigo (únicamente en la hora del desayuno).

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Por el contrario, si queréis tomaros vuestro tiempo para comer tranquilos disfrutando de una buena comida y un excelente restaurante, sin duda tenéis que ir a Walt’s – an american restaurant. Es un restaurante lleno de lujo en el que, si tienes suerte y te toca en la ventana, podrás comer viendo el castillo que tanto caracteriza a Disneyland.

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Pero dejando los decorados, las comidas con personajes y toda la magia característica de Disney, si tenemos que elegir calidad y sabor, nosotros nos quedamos con el Silver Spur Steakhouse en Frontierland. Comimos un buen cóctel de gambas, un salmón exquisito y una carne mejor imposible. Y, ¿qué decir de los postres? Vamos, que seguro repetimos cuando volvamos…

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Restaurantes en Walt Disney Studios:
Este parque de atracciones es bastante más pequeño que Disneyland. Por eso, aquí tampoco hay muchos restaurantes. Hay paraditas para comprar comida rápida y un par de restaurantes que también ofrecen comida rápida.

El Restaurant des Stars es un bufet con mucha variedad de comida salada y muchos postres. Es una muy buena opción para comer rápido y sin entretenerte demasiado, pero comiendo buenos platos elaborados.

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Pero sin duda alguna, el restaurante Bistrot Chez Rémy te hará sentir especial. Aquí la decoración es tan espectacular, que sentirás que eres del tamaño de una rata. Todo está decorado con las mismas dimensiones en que debe ver las cosas Rémy, la rata de Ratatouille. Te sentarás en chapas de botellas, comerás encima de tarros de mermelada, verás platos y cubiertos gigantes… y podrás probar ese delicioso plato que hizo famoso a Rémy: ratatouille.

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Ahora que ya tenemos el estómago lleno, ¿dónde podemos dormir? Nosotros intentamos buscar cosas más económicas que los hoteles Disney: una casa, un apartamento o un bungalow en un camping. Pero si te lo puedes permitir… la magia continuará incluso mientras duermes. Hay hoteles asociados en los que varían las categorías y suelen ser más económicos. Pero con el famoso pase del que tanto hablamos, puedes obtener auténticos descuentos. Y es lo que hemos hecho nosotros en alguna ocasión.

Hay un calendario en la página web donde también podrás ver de qué fecha a qué fecha es temporada alta, media o baja. Lo más económico siempre es el Davy Crockett Ranch. Este es como un camping rodeado de naturaleza y lleno de cabañas con cocina y baño. Tiene una gran piscina cubierta abierta todo el año y está cerca de un parque de aventuras. El único inconveniente es que sí o sí necesitas coche para ir del camping a los parques. Como nosotros siempre viajamos a París en coche, pues no nos resulta un inconveniente. Además, al tener cocina, puedes ir con el coche cargado de comida para luego no perder tiempo yendo al supermercado y no tener que gastar dentro de los parques. Está a tan solo 15 minutos de los parques en coche.

Según las estrellas del hotel, van subiendo los precios. El Cheyenne y el Santa Fe son los hoteles más baratos, a parte del Davy Crockett Ranch, pero no tienen piscina. El primero está todo ambientado en la película de Toy Story y el segundo en la película de Cars. Solo hemos ido a uno de ellos, y os podemos asegurar que para nada nos pareció un hotel de 2 llaves. La atención, los detalles, la decoración, la comida… todo es diferente en el mundo Disney. Hemos estado en algún hotel 2 estrellas en España al que tal y como entramos salimos. Ojalá hubieran sido de esta categoría. Realmente, para nosotros fue una muy buena experiencia y muy cómoda. Aunque se puede ir a pie del hotel a los parques, tienen servicio de autobús gratuito para los huéspedes que te llevan del hotel a los parques y viceversa. Hay autobuses cada 5-10 minutos.

Los demás hoteles son de categorías superiores y de precios también más elevados. Estos van de 3 a 5 llaves, siendo el Disneyland Hotel el más lujoso de ellos. Tienen todos piscina y también servicio de autobús; aunque a medida que van subiendo la categoría de los hoteles, también se van acercando al parque. El Disneyland Hotel está en la puerta del parque; las habitaciones Castle Club tienen un ascensor para poder ir del hotel a la entrada del parque sin tener que salir a la “calle”. Los lujos de este hotel son impresionantes. Tiene un spa al que puedes ir a relajarte después de un largo día en el parque. Y, las princesitas de la casa, pueden ir a un salón de belleza donde les pondrán un maquillaje de fantasía y las peinarán como a unas auténticas princesas. Pueden ir vestidas de princesa o pueden elegir el pack para que les tengan ahí el vestido preparado. Un momento así hay que inmortalizarlo con unas buenas fotos, así que no os preocupéis que ahí les harán una sesión de fotos. Todos estos lujos tienen un precio aparte, que si los puedes pagar, genial. Sino, lo pasarás genial de todas formas 🙂

Otra de las ventajas que tiene hospedarse en un hotel Disney es que puedes comprar en cualquier tienda de los parques y, para no tener que ir cargados con las bolsas durante todo el día, te las llevan al hotel. Pues, no está nada mal, la verdad. Eso sí, si no lo han cambiado, las compras tienen que ser antes de las 15:00hs; sino tendrás que cargar con las bolsas como todos los demás.

Además, Disneyland París tiene un servicio llamado “Disney Special Activities” en el que te ayudarán a sorprender a tus peques o a tu pareja. Puedes ponerte en contacto con ellos para que te ayuden a pedir en matrimonio a tu pareja o puedes comprar productos Disney y que estén en la habitación el día de tu llegada.  Todo tiene un coste extra, claro, pero si quieres sorprender a tus hijos con algún juguete en la habitación, puedes hacerlo.

Nosotros somos de los que pensamos que divertirse cuesta poco; todo depende de cómo te lo tomes y cómo les haces vivir el momento a tus peques. Si le encontramos pegas a todo, pues será un poco difícil encontrar las tantísimas cosas positivas de la vida. ¡Así que, a DISFRUTAR!

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¿Qué es el Disney Village?

El Disney Village es una zona espectacular alrededor de Disneyland París y Walt Disney Studios. Hay muchísimas tiendas Disney, así que hay que ir con los bolsillos preparados, porque hay cada cosa… Hay cines (no hemos ido nunca porque sería complicado entender una peli en francés si no sabes… jeje), una pantalla gigante donde ver deportes, una sala de juegos, una tienda Lego e incluso ¡un globo aerostático que se alza en medio de un pequeño lago! Todavía no hemos podido subir nunca, porque las veces que hemos intentado subir había niebla o llovía… así que lo intentaremos la próxima vez, a ver si tenemos suerte.
Cuando se acerca la navidad es increíble, porque montan el típico mercadillo navideño tan característico de los países nórdicos. Hay espectáculos musicales por las calles y un montón de cosas que hacen que tus navidades estén llenas de más magia si cabe. Nosotros siempre vamos mirando la web oficial para ver si hay alguna programación especial en el Disney Village.

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Después de tanto pasear y de estar horas en las tiendas, pues a nosotros nos entra hambre. Aquí hay muchos lugares donde comer y algunos muy económicos: un McDonald’s, Five Guys, Earl of Sandwich, Starbucks… y un montón de lugares baratitos para comer. Pero si queréis ir a alguno un poco más especial, también hay muchos para elegir.
Solo hemos visitado un par o tres restaurantes en el Disney Village, porque hay tantos aquí y en los parques, que necesitaríamos ir a Disney solo a comer para verlos todos 🙂
El Rainforest Cafe es uno de los que hemos visitado. La comida es buena, pero el decorado es aún mejor. Parece que estés literalmente en una selva. Nos sentamos en una mesa al lado de la jungla. De vez en cuando se escuchaba lluvia y los animales se empezaban a mover. Nosotros teníamos un par de gorilas al lado de la mesa que, la primera vez que se movieron, nos asustamos un poco jaja. Pero lo pasamos genial, es muy chulo para ir con los peques.

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El Café Mickey es otro. ¡Casi me da un patatús cuando me he enterado que ya no hay personajes en el restaurante! En este lugar me trajeron mi pastel de cumpleaños Chip y Chop. Hemos ido dos veces y, hasta marzo de este año, venían las ardillitas, Mickey Mouse, Gofy, Pluto, Igor y Tiger (de Winnie the Pooh) a la mesa mientras comías. La comida es muy buena y tener a los personajes paseándose por el salón era un plus muy importante. No dejará de ser un buen restaurante, pero quizás la próxima vez que vayamos probaremos el nuevo desayuno con personajes en el Plaza Gardens.

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Y, por último, nuestro FAVORITO en el Disney Village: Buffalo Bill’s Wild West Show. Es un restaurante al que sí o sí tienes que ir una vez en la vida. No es nada económico, pero estás pagando una comida y un auténtico espectáculo. Los asientos están ubicados en unas gradas alrededor de una gran pista de arena; ahí es donde darán rienda suelta al show. La comida es abundante y fabulosa, una de nuestras favoritas. Es comida tex-mex, así que tiene que gustarte un poco lo picante (no es muy picante). Nachos, pan de maíz, chile, patatas y muuucha carne. Y, para bajar tanta comida, puedes hacerlo con toda la coca-cola, agua o cerveza que quieras. Si todavía te queda un hueco para lo dulce, el pastel de manzana con helado que te sirven es buenísimo. Los niños tienen un menú que varía un poco del anterior y no es para nada picante. Y vas comiendo mientras ves el espectáculo con un sombrero de paja que te darán en la entrada: concursos entre indios y vaqueros, caballos, búfalos… y Mickey y sus amigos, como no. Si no recuerdo mal, con el pase hacen un 20% de descuento en la entrada. Se puede comprar online y es muchísimo mejor, porque es posible que vas a comprarlo cuando estás ahí, ya no haya más entradas. Pero si tienes el pase y quieres beneficiarte del descuento, tienes que pagarlas ahí. Así que, puedes reservarlas por teléfono y pagarlas cuando estés ahí para que te apliquen el importantísimo descuento. Hay que ir una hora antes del show para poder tener buenos asientos, ya que la entrada no es numerada sino que es por orden de llegada (a menos que compres entradas de 1ª Categoría, que no las aconsejamos con niños pequeños).

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Y esta es nuestra experiencia en el Disney Village. No importa en qué época del año vayas, siempre está lleno de magia.

Disneyland París, ¿por dónde empezamos?

Ir a Disneyland París es casi como preparar una boda (un poquillo exagerá…); para que salga bien tienes que preparar el viaje con tiempo para poder disfrutar del gran momento. Sino, seguro que lo pasaréis genial, pero va a ser un auténtico estrés. Los que estamos acostumbrados a parques más pequeños, llegar ahí es un poco caótico si no lo has preparado con antelación. O quizás somos nosotros, que somos tan british que si no lo tenemos todo organizado nos ponemos de los neeeervios. Pero, vaya, que nunca va mal tener las cosas un poco planeadas, para que luego no tengamos demasiados momentos estresantes con los niños. Eso sí, recordando siempre que vamos con peques y debemos ser flexibles.

Tenemos tantas cosas que decir de Disneyland (todas buenas), que va a ser complicado saber por dónde empezar… pero intentaremos ser lo más entendible posible 🙂

Una de las ventajas que te da tener el pase anual o alojarte en un hotel Disney, son las extra magic hours. Y, ¿esto qué es? Pues es el privilegio de entrar un par de horitas antes de que los parques abran sus puertas. Esto es genial, porque ya puedes empezar a hacer colas… jajaja. Sí, id preparados, porque os vais a hinchar a hacer colas (pero las atracciones merecen la pena y mientras haces la cola pasas por lugares muy bien decorados y ambientados). En ese par de horitas extras podéis ir corriendo a algunas atracciones a pedir vuestro fastpass, sacar turno (como en el médico) para conocer a alguna princesa o sacaros fotos con algunos personajes que seguro que a esas horas ya hay varios en ciertos puntos del parque.

¿Qué es el fastpass? Este pase solo está en las atracciones más concurridas, como Peter Pan, Ratatouille, Buzz Lightyear… Este pase, que puede obtenerlo cualquiera, te permite no perder tiempo en la cola de esa atracción y aprovechar a ir a otras mientras. Hay unas máquinas que te darán hora para que vuelvas a la atracción y no tengas que hacer cola. Pero tienes que ser rápido para conseguir tu fastpass, porque solo dan unos cuantos al día y puede que llegues y ya no tengan más. El único inconveniente es que no puedes pedir más de un fastpass a la vez; para pedir otro para otra atracción, tienes que esperar a haber usado tu fastpass anterior… No sé si me explico… creo que en mi cabeza tiene más sentido, ¡qué lío!

Para los que vamos con peques, si en alguna atracción alguno de nuestros niños no quiere subir, tenemos la opción de hacer la cola solamente una vez y que suba primero un padre y después suba el otro sin necesidad de volver a hacer la cola.

Si sois de los nuestros, que planificamos todo bastante, en la página web de Disneyland París cuelgan cada semana los horarios de los espectáculos y el lugar y hora donde estarán algunos personajes. También hay un calendario que muestra qué atracciones y restaurantes estarán cerrados por reformas en las fechas que quieres ir, los horarios de los parques… Y, muy importante, el mapa de los parques con las restricciones de altura de algunas atracciones. Estos consejillos van genial, porque ya vas mentalizado a lo que vas. Ya puedes decidir a qué atracciones irás y a cual no, qué atracciones tienen fastpass, dónde están los restaurantes, los baños (importantísimo con niños y no tan niños)…

Una de las cosas que más nos gusta de Disneyland es que los niños pueden subir a casi TODAS las atracciones. Además, están adaptadas para aquellas personas que tengan alguna discapacidad (pueden pedir la tarjeta verde a la entrada del parque para no tener que hacer las largas colas. Creo que la persona que tiene la tarjeta verde puede subir con 4 acompañantes, así las familias pueden estar juntas). Y también hay algunas atracciones fuertes para aquellos a los que les gusta la adrenalina. Muchos nos preguntaban si realmente valía la pena ir con niños tan peques y podemos decir que SÍ. Además de que pueden subir a casi todo y todo está diseñado y pensado para ellos, es increíble ver sus caritas cuando ven a sus personajes favoritos. Por nuestra parte, es un destino super recomendable para ir con niños. Nuestro peque tenía tan solo dos añitos la primera vez que fuimos y, cada vez que veía a Mickey, gritaba: ¡Mira, Mickey! Y, como estamos en Disneyland, pues está lleno de cositas de Mickey por todos lados… Así que, TODO el día gritando de la emoción 🙂 La verdad es que, tal y como dicen en los anuncios, lo que más nos deslumbró fue el brillo de sus ojos… jeje.

La primera vez que fuimos estuvimos 5 días en el parque. Dedicamos, más o menos, 3 días a Disneyland y 2 a Walt Disney Studios. Cogimos un mapa e hicimos el recorrido de las atracciones por orden, para no ir de un lado a otro y perderte la mitad. De esta manera, fuimos conociendo cada zona del parque y sus espectáculos, y nos asegurábamos de no dejarnos nada sin ver. Íbamos tachando todo lo que íbamos viendo y haciendo. Hay quienes dicen que el Walt Disney Studios es más para grandes que para niños. Pero, sinceramente, no pensamos lo mismo. Hay muchas atracciones para los peques y muchísimos espectáculos que les encantará.

Como era nuestra primera vez y queríamos verlo todo, no perdimos tiempo yendo a restaurantes. Cada día llevábamos nuestro tupper y a comer en el parque. Esta es otra de las cosas que nos encantó de Disneyland. No te dicen nada si entras comida o bebida al parque. Esto te ahorra muchísimo tiempo y dinero. Incluso hay zonas donde puedes calentar los potitos para los bebés. Pero como ya hemos ido varias veces, en otro post hablaremos de los restaurantes y hoteles.

En el Pabellón de las Princesas (que es el lugar donde podrás conocer a una de ellas y sacarte fotos, hablar un poco…), normalmente hay tres princesas, cada una en una habitación distinta. Es aleatorio, así que te toca la que te toca. Pero cuando vas más de una vez, puedes preguntar qué princesas estarán para no repetir y te harán el favor de dejarte entrar donde esté alguna de las que no hayas visto.

Otra de las cosas que nos encanta de Disney, es que puedes sacar fotos con tu cámara cuando estás con los personajes. Y puedes hacerle fotos a las pantallas cuando sales de las atracciones jeje. Siempre tienes la opción de comprar la foto, pero si no quieres gastar está genial que te dejen usar tu cámara. Incluso puedes pedirle a los fotógrafos que te hagan el favor de sacarte la foto con tu cámara. También puedes comprar el photopass para descargarte todas las fotos que te saquen, pero eso va según lo que quieras gastar. Si no vas a hacerte demasiadas fotos con personajes, personalmente, creo que el photopass no merece mucho la pena. No hay muchas atracciones en las que te hagan fotos; pero va a gusto de uno. Nosotros vamos siempre con nuestra cámara encima, hay cientos de rincones para sacar fotos.

¡Y ahora hay que hacer las maletas que nos vamos a ver a Mickey!

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DISNEYLAND PARÍS, el sueño de todos los niños y el terror de todos los padres…

Pues sí, aunque nosotros somos suuuuuuper fanáticos de Disney, hay que reconocer que ir a un parque de atracciones con tres adorables niños pequeños… da un poquito de miedo.
La tele puede llegar a ser un buen amigo de los padres (en momentos determinados, no siempre), pero también puede llegar a ser un GRAN enemigo. Sobre todo en épocas de fiestas navideñas, donde empiezan a poner anuncios de millones de juegos y juguetes y tus hijos quieren TODO. Y, normalmente, así es como descubren al maravilloso parque de atracciones… “Ven a celebrar el 25 aniversario”, “Lo que más te deslumbrará será el brillo de sus ojos”…. Infinidad de anuncios que te invitan a pasar unos días rodeado de la magia Disney. Y los peques empiezan: ¡¡yo quiero, yo quiero, yo quieroooooo!!
La verdad es que nosotros también queríamos, pero a veces da miedo enfrentarse a un parque tan grande con tres niños tan pequeños. Y, ¿cuál es la mejor manera de quitarse los miedos) Hacerles frente.
Eso sí, con mucha planificación y paciencia. Hay que tenerlo todo muy organizado para no llegar al parque y perderte entre tantas atracciones y espectáculos. Y, después de romperme el pie y estar un mes y medio con el yeso sentada en el sofá haciendo reposo para que no tuvieran que operar, pues el tiempo y el aburrimiento eran lo que más me sobraba. En casa tenemos algunas claves para combatir el aburrimiento; pero solo os diremos dos: planear un viaje y viajar jeje. Así que, manos a la obra, ¿dónde vamos? ¡A Disney!
Empiezas a ver los precios de los vuelos (de 5 personas, porque los niños pagan, claro), los hoteles Disney, las entradas… Madre mía, es un dineral. Pero cuando se nos mete algo en la cabeza, lo tenemos que hacer.
Teníamos claro que en avión NO podíamos ir. Sí, es mucho más cómodo ir en avión; pero sólo pensar en 5 pasajes a París, ya nos dolían los bolsillos. Plan B: ir en coche y hacer una o varias paradas de un día en el camino. Y, la verdad, es que es muy cómodo y nosotros hemos viajado por media Europa en coche conociendo así muchísimos lugares. Las carreteras en Francia son geniales y tienes varias ventajas: la primera es que una vez en París puedes desplazarte cómo y a dónde quieras; la segunda es que puedes cargar el coche de comida y bebida tanto a la ida como a la vuelta si quieres traer algún que otro souvenir.
Hicimos cuentas y resultaba más económico comprar un pase anual que comprar entradas para más de 2 días; porque realmente si vas menos de 4-5 días, no podrás verlo todo (siempre pensando en que viajamos con niños). Empezamos a mirar foros de Disneyland París y vimos algo un poco raro… padrinos que quieren apadrinarte. No teníamos ni idea de lo que quería decir eso, teníamos que investigar un poco. Los padrinos son gente muy maja que se ha comprado un pase como el que nosotros queremos y, si te presentas en las taquillas del parque con esta gente maja, te hacen un 10% de descuento en tu pase anual. Hay distintos pases, a los que les han cambiado el nombre imagino con motivo del 25 aniversario: el Discovery (150 días de parques), Magic Flex (300 días de parques), Magic Plus (350 días de parques) y el Infinity (365 días de parques). Tienes que ver los precios y fijarte en cuál te conviene y buscar un padrino que tenga el mismo pase que quieres comprar tú. Nosotros decidimos que para nuestra familia, el Magic Flex (antiguo Fantasy) era ideal. Me metí en un montón de foros diciendo que queríamos comprar 4 (los menores de 3 años no pagan) pases anuales del Fantasy. Una chica se puso en contacto conmigo, nos intercambiamos las direcciones de correo electrónico, el whatsapp y quedamos en un día y una hora antes de entrar en el párquing de los parques. Ahí nos conocimos, nos dejaron un pase para tener el párquing gratuito y dentro del parque nos fuimos las dos familias a comprar nuestras entradas. ¿Qué ganan los padrinos apadrinándote? Si no recuerdo mal, cada tres apadrinamientos, te renuevan el pase anual durante un año más. Así que, con nosotros ya les renovaron uno de los pases por otro año. La verdad es que está muy bien y todos salen ganando. El que apadrina renueva pase y el apadrinado obtiene un buen descuento en el pase.
Los pases están muy bien porque te da la opción de ir más de una vez a los parques (según el pase, tienes un calendario con algunas fechas en las que no puedes acceder a los parques con el pase), el aparcamiento es gratuito y obtienes descuentos en todas las tiendas, restaurantes y hoteles Disney. Además de la oportunidad de renovar el pase de forma gratuita si luego eres tú el que apadrina.
Si sois familia numerosa hay un 20% de descuento en los pases (y supongo que en las entradas). Pero sí o sí tenéis que comprar 5 o más pases para que os hagan el descuento. Por eso, en nuestro primer año con pases anuales, nosotros no pudimos disfrutar del descuento porque el peque no necesitaba pase y solo íbamos a comprar 4.
Sigo. ¿Por qué siempre hablo de los parques en plural? Pues bien, Disneyland París realmente son dos parques de atracciones. Uno es Disneyland y el otro es el Walt Disney Studios. Es por eso que, con niños peques, es un poco difícil y puede llegar a ser agotador intentar visitar los dos parques en menos de 4-5 días. La verdad es que, una vez que estás ahí, quieres ver los dos parques. Y, realmente, los dos merecen muchísimo la pena de visitar. Los dos tienen atracciones, los dos tienen espectáculos; pero el Walt Disney Studios tiene más shows, teatros… y no es tan grande como Disneyland.
Y ahora que tenemos claro que nos vamos en coche y compramos nuestros pases anuales, ¿dónde dormiremos? Para reservar un hotel Disney y que te hagan descuento, tienes que facilitar tu número de pase anual. Como no lo teníamos porque lo íbamos a comprar ahí, pues alquilamos una casa a las afueras. A 15-20 minutos de Disney todo empieza a bajar muchísimo de dinero. Alquilamos una casa para 7, muy tirada de precio, para toda una semana. Y nos fuimos con los abuelos para poder disfrutar con ellos de unos días de vacaciones y, de paso, que nos cuidaran un par de horitas a los niños para que nosotros pudiéramos pasar una hermosa velada en París.
Todo esto a modo de introducción, porque después de nuestra primera experiencia en Disney y de nuestro primer año con pases anuales, ya es el segundo año que tenemos nuestros pases y ya hemos repetido viaje 4 veces. Podríamos escribir casi casi un blog únicamente de Disneyland París 🙂 Así que, si nos preguntan si aconsejamos Disneyland París para ir con niños pequeños… SIIIII

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Un par de consejitos antes de viajar

  • En algunos países necesitas autorización del banco para utilizar las tarjetas en el extranjero. Es algo a tener en cuenta si vas a viajar.
    Otro dato importante: normalmente, las tarjetas tienen un límite diario. Es decir, solo puedes gastar o sacar cierta cantidad de dinero al día. Es muy importante tener esto en cuenta a la hora de salir. Si quieres modificar la cantidad disponible diaria, es tan fácil como hablar con el banco y os lo arreglarán a vuestra conveniencia al momento. Pero os aconsejo llevar siempre algo de dinero en efectivo y usar la tarjeta solo en caso de emergencia.
  • Lo genial de viajar es aprender de las demás culturas, estilos de vivir, contemplar paisajes distintos a los que estamos acostumbrados… Así que, hay que tener en cuenta que cada país tiene sus costumbres y sus horarios. De más está decir que, si somos nosotros los que visitamos el lugar, nosotros nos tenemos que amoldar. Parece algo obvio, pero es bueno informarse un poco sobre esto. ¿Por qué? Porque vamos a disfrutar, vamos a pasarlo genial. No queremos ofender a nadie y no queremos quedar en ridículo, tampoco. Por ejemplo, en los países nórdicos, se come y se cena muy temprano. Así que si te apareces a las 2 de la tarde o a las 9 de la noche en un restaurante, es posible que digan que la cocina está cerrada. A raíz de este consejo… podemos daros otro.
  • Llevad siempre algo de comer para los niños. En el avión podéis llevar galletitas, patatas… no os harán problemas por llevar comida, mientras no llevéis líquido. ¿Por qué os digo esto? Nos pasó cuando fuimos a Dinamarca, que llegamos sobre las 10 de la noche. Habíamos comido algo en el avión y llevábamos galletitas y cosas para picar. Pero teníamos muchísima sed, porque no podíamos llevar líquidos en el avión. Lo que queríamos era llegar a nuestra casita para ver cómo era, pero teníamos que comprar un poco de agua para pasar la noche. Hasta que salimos, cogimos el coche de alquiler, etc. se hizo un poco tarde. Y Dinamarca es un país nórdico. No había NADA abierto, ni un bar, ni un restaurante, ni un super, ni un McDonald’s… NADA. Pues, llegamos a la casa y nos pusimos a hervir agua 🙂 Suerte que llevábamos cosas para comer y lo pudimos solucionar. Pero si sales tarde del vuelo, es mejor que compres algo en el mismo aeropuerto porque ahí normalmente hay máquinas de refrescos o algún lugar abierto. No te arriesgues a salir y no encontrar nada en ningún lado.
  • Normalmente, cuando planeamos un viaje, dejamos un día sin apenas actividades ni cosas por ver ni visitar. ¿Por qué? Porque debemos recordar que vamos con peques. Siempre hay algún imprevisto: a alguien le duele la barriga, no llegamos a verlo todo, nos hemos despertado un poco más tarde… Si dejamos un día sin planes, seguramente podremos hacer todo aquello que habíamos planeado; si no da tiempo hoy, ya lo haremos el día que no tenemos planes 🙂 Y si tenemos la suerte de que no ha habido ningún imprevisto y hemos podido hacer todo lo que queríamos, pues descansamos o vamos a ver más lugares bonitos que siempre hay muchos.