BÉLGICA, un país que desconcierta

Después de varios días sin pasar por el blog, volvemos con muuuuchas ganas de contaros nuestra nueva aventura.

Ya habíamos estado una vez en Bélgica, pero realmente fue sólo de paso para visitar Luxemburgo. Nos hospedamos en una maravillosa granja llamada La ferme d’a yaaz (www.lafermedayaaz.be) que queda muy cerquita de la frontera con Luxemburgo. Ahí puedes dormir en unas cabañitas preciosas rodeadas de naturaleza y de animales. Puedes tocar a los animales, darles de comer, peinar a los caballos, coger a los conejitos… una maravilla para ir con niños. Pero bueno, a lo que íbamos, realmente nuestro objetivo en ese viaje no era conocer Bélgica, sino descansar en la granja y conocer Luxemburgo.

Lo poquito que conocíamos de Bélgica eran sus carreteras (que por cierto, son bastante malas) y poco más. Así que este año, decidimos volver pero esta vez a descubrir algunas de sus ciudades más importantes.

Y aquí viene nuestra primera impresión de este país que nos ha desconcertado a toda la familia… Para ser sinceros, nos pareció un país oscuro y algo tétrico, de esos países a los que (con todos mis respetos) no nos gustaría ir a vivir. Llegamos a Bon-Secours y, a pesar de ver casas impresionantes, lo primero que pensamos es que nos habíamos equivocado eligiendo Bélgica para nuestras vacaciones. Y, ¿por qué nos desconcertó tanto? Porque al día siguiente, cuando nos despertamos, nos fuimos a BRUJAS. Ahí todo empezó a cambiar… ¿cómo podía ser que el día anterior queríamos volver a casa y ahora nos queríamos quedar?

Creo que fue amor a primera vista. ¡Es una ciudad TAN bonita! El centro de la ciudad es precioso. Sus casas, sus canales, sus calles… todo es mágico. Es cierto lo que dicen de ella, Brujas te embruja con su belleza. No me extraña que hayan declarado al casco antiguo como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.

Empezamos a caminar un poco con nuestros chubasqueros puestos (MUY importante si vais a Bélgica) y nos chocamos con una pastelería llamada Aux Merveilleux de Fred a la que decidimos entrar. ¡Tenéis que ir! Ahí probamos los “merveilleux”, una especie de merengue con crema que os aseguro que aunque no seáis muy golosos os van a encantar. Y si después de ahí estáis muy empalagados, podéis ir a tomaros una cerveza en cualquier lugar. Eso sí, lo tendréis un poco difícil para decidir cuál queréis. Hay más de 1500 variedades de cervezas, y no es una exageración, es real. Encuentras museos de cervezas, tiendas que parecen museos… es increíble la cantidad de cerveza que hay en Bélgica. Si os gusta, este es vuestro destino 🙂

Nos subimos a un barquito para pasear por los canales de Brujas y realmente mereció la pena. Recorrimos casi todos los canales de la ciudad y pudimos disfrutar de la belleza de la Venecia del Norte (así es como la llaman).

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Ya a la tardecita nos fuimos para GHENT. Otra preciosa ciudad con un centro magnífico para pasear e impresionantes iglesias para visitar. Nosotros no tuvimos la oportunidad de descubrirla demasiado porque ya estábamos un poquito cansados de caminar. Pero dicen que los canales de Ghent y el puerto de noche son increíbles. Tendremos que comprobarlo la próxima vez que vayamos… 🙂

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También habíamos oído hablar de AMBERES, ciudad que si la buscas por el GPS quizás no la encuentres con este nombre… jejeje. Realmente se llama ANTWERP, mejor que lo escribas así en el GPS.

Ya al aparcar el coche nos encontramos con un castillo impresionante al que puedes entrar a visitar. Para nuestro gusto es más bonito desde afuera, ya que dentro es un restaurante. Pero como la entrada es gratuita y no hace falta que consumas nada para verlo… pues entramos 🙂

La ciudad en sí es maravillosa. El centro histórico es precioso. Y, como somos una familia muy comilona y nos gusta probar las cosas típicas de cada país, no podíamos irnos de ahí sin comer patatas fritas. Sí, patatas fritas belgas. Cuando las ves piensas: pues, si son iguales a las de McDonald’s. Os aseguro que NO. No sé qué tienen, no sé cómo las hacen, pero nunca habíamos comido unas patatas fritas tan buenas como las de ahí. Hay un montón de locales en los que la especialidad de la casa es este plato. Incluso hay un museo dedicado a la patata frita en Brujas, así que tenéis que probar sí o sí las patatas fritas belgas.

En Antwerp hay trenecitos que te pasean por toda la ciudad a muy buen precio y vale la pena cuando vas con peques. Ves mucho y caminas poco jeje.

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Y la última ciudad que visitamos fue BRUSELAS. La verdad es que íbamos con la idea de que no nos iba a impresionar demasiado después de todo lo que ya habíamos visto… ERROR. Es precioso caminar por sus calles hasta llegar a la Grand Place donde, cada dos años, hacen una inmensa alfombra de flores. Justo este año no la hacían; tendremos que volver el año que viene… jeje. Aquí en Bruselas tenéis que visitar el Manneken Pis, la estatua de un niño haciendo pis… Está en una esquina y os vais a dar cuenta, porque hay cola para hacerse fotos con él 🙂

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Así que, podemos decir que sí, Bélgica nos desconcertó. Un país que no nos llamaba demasiado la atención, donde sus carreteras nos hacían dudar de si habíamos escogido un buen destino, donde algunos pueblos no nos habían robado el corazón todavía… Hasta que conocimos estas cuatro ciudades y, realmente, nos enamoró. Su arquitectura, sus canales, sus iglesias, sus calles… Y, cómo no, sus gofres, sus cientos de cervezas, su chocolate y, sí, sus patatas fritas. Descubrir Bélgica no fue un error, ha sido de lo más acertado.

Eso sí, un consejo MUY importante basado en nuestra experiencia en Bélgica. No repostéis gasolina en las estaciones de servicio en las que no hay personal. ¿Por qué? Parece ser que en Bélgica y otros países como Francia, Luxemburgo, Suiza, Alemania… es costumbre, en algunas de estas gasolineras automáticas, que se queden con una fianza cuando cargas gasolina. Esto fue lo que nos pasó: llenamos el depósito del coche en una de estas gasolineras, porque normalmente tienen el combustible más barato que en otros lados donde hay personal. Al mirar el extracto de la tarjeta nos habían cobrado lo que habíamos puesto más 125€… ¿A quién le reclamas? Pues a nadie. Había un número de teléfono que ya no existía, otro en el que sólo hablaban francés… pues nada. Nos fuimos a una tienda al lado de la gasolinera y nos dijeron que era normal, que en algunos lados te cargaban a la tarjeta una especie de fianza pero que te la devolvían enseguida. Volvimos a nuestra casa, hablamos con nuestro banco y nos aconsejaron esperar un poco, a ver si nos lo devolvían. Efectivamente, al cabo de una semana nos lo devolvieron. Pero claro, mientras estás de vacaciones, ya te han fastidiado… Suerte de las madres, que siempre nos echan un cable 🙂

Ahora que ya lo sabemos, volveremos, volveremos a descubrir más lugares mágicos y a redescubrir estos lugares que ya nos han robado el corazón. ¡Hasta pronto België/Belgique!


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