ALSACIA y SELVA NEGRA, un cuento de Navidad

No sé qué tiene la Navidad, pero a nosotros nos encanta. Una época del año en la que se mezcla la melancolía con la felicidad. El año pasado fue una Navidad inolvidable para la familia del Sastre. Reencontrarnos después de 6 años con nuestros sobrinos argentinos fue el mayor regalo que recibimos. Y había que celebrarlo a lo grande, tal y como celebramos nosotros, eso es viajando. Ya no éramos 5, sino 7. Y como no nos da pereza alguna coger el coche, pues allá vamos…

Nuestros adorables sobrinos vienen de pasar año tras año las Navidades con calor, pero nosotros queríamos que experimentasen esas típicas Navidades que aparecen tan a menudo en las películas. Y qué mejor lugar para eso que ¡Alsacia y la Selva Negra!

El río Rhin es quien las divide: Alsacia se encuentra en la parte francesa y la Selva Negra en la alemana. Dos países distintos en los que, en esta zona, parecería que solo los separa el río (y el idioma jeje). Aquí, en la frontera entre Francia y Alemania, hay más similitudes que diferencias entre ellas. Sus casas de madera, los pueblos, las vistas, los paisajes… todo es muy parecido y ciertamente maravilloso. Podría decirse que es el mismo lugar con distinto nombre.

Organizamos un viaje de 10 días en coche para poder conocer el máximo de lugares posibles. La verdad es que para conocer bien un lugar, sus pueblos, sus calles, etc. se necesita mucho tiempo. Y nosotros no teníamos mucho tiempo y queríamos conocer mucho. Queríamos ver las luces, los mercadillos navideños, los pueblitos con encanto… experimentar un auténtico ambiente navideño. Así que empezamos a hacer nuestra super ruta e investigar qué pueblos necesitaban más tiempo para recorrerlos y qué pueblos eran más pequeñitos o no tenían tantas cosas para hacer y ver (aunque todos los pueblos son preciosos y cada uno tiene su encanto). Después de saber qué pueblos íbamos a visitar y a dedicarles más tiempo y en qué pueblos solo pasaríamos a echar un ojo, empezamos a reservar lugares donde dormir 🙂

Después de unas cuantas horas en coche, nuestra primera parada fue en Avignon. Una ciudad protegida por sus maravillosas murallas y rodeada por el río Ródano por el que se puede cruzar por el famoso puente de Aviñón. Allí habíamos reservado una casa para una sola noche (aunque después de ver la casa hubiéramos querido estar más de una noche…), para después seguir camino a nuestro destino. Llegamos y, como no, teníamos hambre. Así que decidimos dar un paseo por la ciudad y ver si encontrábamos algo para comer. Es una ciudad pequeña, pero con muchísimas cosas para ver y descubrir. Nosotros no teníamos mucho tiempo y nos fuimos directamente al centro. Empezamos a caminar, y sin cansarnos demasiado porque todo está cerquita, pudimos ver el Palacio de los Papas, la Plaza del Palacio, los jardines de les Doms, la catedral de Notre Dame… Y nos encontramos con el típico tiovivo francés lleno de luces en medio de la plaza. Estábamos en Navidad, teníamos que subirnos para sumergirnos en ese ambiente festivo. Pues ahí vamos… Con nuestros tres pequeñines y dos maravillosos sobrinos de casi 2 metros de altura, subidos los 7 SOLOS al tiovivo de esta ciudad francesa 🙂 La cara del hombre que nos vendía los pases era un poema… no sé qué habrá pensado al vernos subir jeje. Pero les hicimos muchas fotos a nuestros sobrinitos ahí subidos y valió la pena ver sus caras jaja.

Hay muchísimos restaurantes, comida rápida y supermercados. Hicimos una breve parada a nuestro Restaurante de lujo favorito (McDonald’s) y fuimos a comprar cositas para el desayuno en el supermercado. Lo bueno de ir en coche es que todo lo que sobra te lo puedes llevar. Y ahora a descansar que mañana queda otro viajecito…

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Por la mañana, antes de irnos dirección Alsacia, salimos de las murallas para poder ver el río y el famoso puente. Que ciudad tan bella. Seguro que volvemos.

Y, ahora sí, ¡llegamos a la Alsacia! Nuestra casita estaba en un pueblito llamado Niederhaslach (lo que nos costó acordarnos de este nombre…). La verdad es que el pueblo en sí no tiene mucho para ver, pero está muy bien ubicado y la casa era increíble. Además de económica (algo muy importante a tener en cuenta) estaba situada en un prado con unas vistas increíbles. Cuando nos levantábamos por la mañana, estaba todo blanco. No era nieve, pero el rocío se congelaba y parecía que estuviera todo cubierto de nieve blanca. La verdad es que no podíamos tener mejores vistas en esta época del año. Era todo un sueño.

Una vez que nos acomodamos en nuestra casa, nos fuimos a comprar comida para sobrevivir esos días 🙂 Cargamos el coche y a dormir, porque tenemos mucho por conocer.

Al día siguiente visitamos dos pueblos alemanes: Offenburg y Gengenbach. Offernburg tiene su encanto en el centro de la ciudad, pero no es demasiado grande. Así que hicimos unas cuantas fotos, paseamos un poco por sus calles y nos fuimos dirección a Gengenbach. Aquí sí que le dedicamos bastante tiempo. Sobre todo porque era mi cumpleaños y yo quería un trozo de ¡PASTEL! En nuestra familia no se puede celebrar un cumpleaños sin pastel. Pero estábamos de vacaciones, nadie se iba a poner a cocinar nada demasiado elaborado… Y, aquí, en Gengenbach, en el medio de la Selva Negra, hay una pastelería en la plaza del pueblo donde podrás comer los mejores pasteles y tartas dulces que existen en el mundo mundial.

Aparcamos el coche a la entrada del pueblo. Aquí ya empezó a asombrarnos este maravilloso pueblo. En el aparcamiento había una mesa con una sombrilla llena de bolsas de manzana. No había nadie, pero había un cartel en el que ponía el precio de las bolsas de manzana y un vaso con monedas. En el cartel decía que si no tenías el dinero justo, podías coger el cambio (o eso fue lo que dedujimos). Estábamos alucinando… no me imagino algo así en España ni en Argentina, de donde venían nuestros sobrinos. Aquí se hubieran chorizado hasta la sombrilla.

Después de quedarnos flipando con lo de las manzanas, nos fuimos a la plaza del pueblo, a seguir alucinando con este pueblo. Lo primero que encontramos fue la famosa pastelería. Lo difícil fue elegir un pastel… y, como estábamos de vacaciones y no queríamos ningún tipo de estrés, elegimos un trozo de cada jaja. El más conocido es el schwarzwalder kirschtorte, o lo que es lo mismo, pastel de la Selva Negra. Exquisito, con un ligero sabor a licor, muy bueno. Todos los pasteles estaban deliciosos, pero necesitábamos tomar algo para bajar tanta comida… capuchinos y chocolates calientes, algo bastante ligero 🙂 Os aseguro que este pueblo es uno de los que, sin duda, repetiríamos. Sus calles, el ayuntamiento, el árbol gigante de Navidad… todo es alucinante.

Y de ahí, aprovechando que estábamos en Alemania, nos fuimos a Friburg. Realmente, nos quedamos con ganas de conocer más de ella y sus calles. Así que volveremos. El centro de la ciudad con el tranvía, todos los negocios iluminados, el río… una auténtica maravilla. Las calles estaban llenas de vida, con muchísima gente paseando. Esta ciudad fue una de las favoritas de nuestros sobrinos.

De vuelta a casa, ya en Francia, echamos un rápido vistazo a la ciudad de Mulhouse. Es difícil encontrar adjetivos, porque las decoraciones navideñas son tan espectaculares que todo se vuelve mágico. La ciudad en sí es preciosa y cada calle tiene decoraciones distintas. Lástima que no teníamos más tiempo, porque es muy bonita.

Al día siguiente nos fuimos a Eguisheim. De camino a este pueblito nos encontramos que estábamos en… ¿Nueva York? ¡No! Era una réplica de la estatua de la libertad en medio de una rotonda. En este pueblo probamos los deliciosos bagels dulces típicos de Alsacia. Aquí los probamos y después no paramos de comer bagels en cada pueblo al que íbamos. Eguisheim es un pueblo en el que merece la pena perderse entre sus calles. Casas diminutas, calles escondidas, paradas del mercadillo en todos lados…, es INCREÍBLE. Parece hecho en círculo y es muy pequeñito; esto hace que sea muy fácil recorrerlo y verlo todo. Al ser un pueblo pequeño, enseguida lo habíamos visto. Si tenéis tiempo y os gustan las aves, a la entrada del pueblo está el parque de las cigüeñas, animal que es símbolo de toda la zona de Alsacia.

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Cogimos el coche y nos pusimos rumbo a Colmar. Aquí nació el escultor de la estatua de la libertad, en esta ciudad tan increíblemente bella, a la que fuimos dos veces. Eso sí, pasamos un frío impresionante. Claro, estábamos en la Alsacia en pleno invierno… las temperaturas eran de -10 grados, si no recuerdo mal. Íbamos bien equipados, con ropa térmica, guantes, gorros… pero hay que decir la verdad, ¡nos congelamos! Pero no hay nada mejor que estar en invierno en la Alsacia. En el centro de Colmar, cerca de la pequeña Venecia, estaba el mercadillo navideño. Cada dos paradas, tenías una parada donde vendían chocolate caliente o vino caliente. Está buenísimo, aunque nuestros sobrinos no opinaban lo mismo, pero yo prefiero el chocolate caliente igual que ellos. Aunque si vas a visitar estos lugares, aunque sea hay que probarlo una vez porque es algo muy típico de esta zona.

Además del mercadillo, también habían algunas atracciones de feria, a las cuales también subimos con nuestros sobrinitos de casi 2 metros jaja (no pondré ninguna foto para no hacerles pasar vergüenza…). Incluso había una pista de patinaje sobre hielo en la Plaza Rapp, un poquito a las afueras del centro.

La pequeña Venecia es una zona preciosa. Estaba todo rodeado de decoraciones y luces navideñas. Dicen que en verano también es muy bonito, porque está todo lleno de flores. Tendremos que volver para comprobarlo… 🙂

Después de habernos recuperado un poco del frío y descansado en casita, al día siguiente nos fuimos para Suiza. Pero este destino lo dejaremos para otro post y vamos directamente a nuestra siguiente visita: Strasbourg. Teníamos pensado dedicarle solo un día, pero fuimos dos veces porque es alucinante. La catedral de Notre-Dame de Estrasburgo es una obra majestuosa. Su campanario fue la obra arquitectónica más alta del mundo durante más de dos siglos. Estar debajo de ese campanario es increíble. Dentro de la iglesia se encuentra un antiguo reloj astronómico que es considerado monumento histórico francés. Merece la pena entrar en la iglesia, ver la belleza de ésta y descubrir dentro de ella este maravilloso y extraño reloj.

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518. Cap d'Any - Strastbourg

Nosotros dedicamos otro día para recorrer los canales en un barquito que nos enseñó un poco la diversidad de esta ciudad. Edificios muy modernos que se han construido alrededor de edificios muy antiguos. Un contraste fabuloso y precioso.

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Visitamos también la ciudad de Obernai. Otro pueblo alsaciano con mucho encanto. También es bastante pequeño, así que lo recorrimos rápido.

Uno de los días lo dedicamos a hacer una ruta por varios pueblitos pequeños que se podían recorrer fácil y rápidamente. Como ya hemos dicho, todos los pueblos tienen su encanto y muchísimas cosas que ver. Pero, a nosotros que nos gusta conocer mucho y tampoco tenemos mucho tiempo, tenemos que hacer una selección. Todos estos pueblos merecen una visita y, nosotros, así lo hicimos: Ribeauvillé, Riquewihr, Kaysersberg y el fabuloso castillo de Haut-Koenigsbourg.

Y aquí finaliza nuestra ruta por la Alsacia y la Selva Negra. De aquí nos fuimos a París, ya os lo contaremos en otro post. Un maravilloso viaje con la mejor compañía y conociendo lugares increíbles del mundo. Volveremos seguro a vivir la magie de Noël 🙂


2 respuestas a “ALSACIA y SELVA NEGRA, un cuento de Navidad

  1. Para mi la Navidad es muy especial por que, a demás de que a los niños les gusta despertarse y encontrarse sus regalitos debajo de su arbolito, es que estamos en familia.
    Ueno al menos es eso lo que ave mi familia y yo.😍😍😍👨‍👩‍👦❤❤

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